miércoles, 21 de mayo de 2008

El centinela

Cerca de la frontera de un país muy lejano se levantaba un pequeño castillo perdido en medio del desierto. De vez en cuando se paraban las caravanas que venían del norte o algún visitante solitario se acogía por una noche. Pero la vida del castillo era muy monótona y pocas cosas había que hicieran un día diferente de los demás.
Una mañana llegó un mensaje del rey: "Estad a punto porque nos han hecho saber que Dios visitará nuestro país y quizás pasará por vuestro castillo. Sobre todo estad preparados para recibirlo". Las autoridades del castillo se dispusieron a cumplir las órdenes reales. Llamaron al centinela y le encomendaron que a partir de aquel día no perdiera de vista el desierto y en cuanto viera alguna señal de la venida de Dios se lo hiciera saber.
El centinela recibió el encargo con alegría; nunca le habían confiado una misión tan importante. En pie, en lo más alto de la torre, con los ojos bien abiertos, oteaba continuamente el horizonte en espera del más pequeño indicio.- Cómo debe ser Dios -pensaba- Seguramente vendrá con un gran cortejo y lo distinguiré de lejos... o quizás aparecerá de golpe, acompañado por un poderoso ejército...
Ilusionado como estaba, no pensaba en nada más y se pasaba días y noches en lo alto de la torre. Trancurrió el tiempo y poco a poco todo el mundo fue olvidando el mensaje de Dios. Incluso el rey perdió el interés. En el castillo, los oficiales y los soldados se cansaron de esperar aquella visita y dejaron de hablar del tema.
Sólo el centinela se mantenía muy despierto esperando, esperando siempre, bajo el sol y la lluvia. Veía venir caravanas y ejércitos, pero ninguna de ellas era el cortejo de Dios. A veces, cansado de mirar, se preguntaba si todo aquello no era un engaño- ¿Por qué tiene que venir Dios? Y, si viene, ¿pasará por este castillo tan poco importante? Y aún más, quién sabe si vendrá?Pero la esperanza vencía siempre sus dudas y nuevamente volvía a contemplar incansablemente el horizonte...
Pasaron los meses y los años. El centinela se hacía viejo y los ojos le empezaban a flaquear. A menudo debía sentarse porque las piernas no le sostenían. Uno tras otro, todos los soldados de la guarnició habían abandonado el castillo añorados de la ciudad. Y se había quedado solo.
Un día se levantó como siempre para mirar el desierto, pero se dio cuenta que casi no se podía mover. Se sentía cerca de la muerte y una gran amargura le embargó el alma.- He estado toda la vida esperando la visita de Dios y ahora tendré que morir sin haberlo visto, exclamó dolorosamente.Entonces oyó una voz a su lado:
- ¿No me conoces?Sorprendido, el centinela se volvió y vio que Dios había llegado. Lleno de alegría le dijo
- ¡Oh, ya estás aquí! Me has hecho esperar tanto... ¿por dónde has venido que no te he podido ver?
- Siempre he estado a tu lado, replicó Dios con dulzura, desde el día que decidiste esperarme. Siempre he estado aquí, a tu lado, dentro de tí. Te ha hecho falta largo tiempo para darte cuenta, pero ahora ya lo sabes. Este es el secreto: sólo quienes esperan pueden verme.
La voz calló y el centinela se sintió invadido por una inmensa felicidad. Se alzó lentamente y volvió a otear lentamente, amorosamente, la línea del horizonte.

4 comentarios:

Sara dijo...

Pues cierto es "Hoy quiero contarte":sólo quienes esperan pueden verme..., ahora este es un empeño dificil, muy dificil...en principio por que vivimos épocas de negación de Dios, o al menos es lo que yo percibo, nos creemos tan superiores...tan por encima de todo y de todos que nos olvidamos de lo realmente importante...y por otro lado está la posición de la iglesia que en mi humilde opinión muchas veces no sabe posicionarse bien ni como es debido, pero...me imagino que son épocas y momentos, yo desde luego creo en mi Dios particular,y para nada me averguenza proclamarlo, en tantas cosas que él defendió...yo espero que también esté cerquita de mi día a día.
un abrazote fuerte

Patricia dijo...

Finalmente la fe, la esperanza mueve montañas...No dejar de creer, no desesperanzarte ante la vida, ello puede ser la gran diferencia. O quizá lo más importante ni siquiera sea aquello, quizá la sea la convicción de que está allí, junto a ti...frente a la convicción no necesitamos ni fe ni esperanza...porque simplemente es.

Un abrazo estimado cuenta cuentos.

Dejo mi cariño.

Camille Stein dijo...

Dios siempre vendrá por el horizonte, de la línea que separa cielo y tierra

preciosa historia

un beso

Loly mamá de Ainhoa dijo...

Por supuesto que lo tenemos a nuestro lado pero debido a injusticias de la vida y de cosas inexplicables mi fé por ahora se tiñe de dolor y si creó en Dios, y se que mi hija esta con él.
Quizás penseis que me contradigo con mis palabras pero es asi lo que siento.
Un beso hasta el cielo.
Loly, la mamá de Ainhoa