lunes, 28 de abril de 2008

El anillo

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le, dijo:
- Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después... - y haciendo una pausa agregó -si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E... encantado, maestro, titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado, y sus necesidades postergadas.
- Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó - toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado.
Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado - más de cien personas - y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación.
- Maestro - dijo- lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
- Qué importante lo que dijiste, joven amigo - contestó sonriente el maestro -. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
- 58 monedas!!! Exclamó el joven.
- Sí, replicó el joyero - yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate - dijo el maestro después de escucharlo- Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvio a su trabajo.
Jorge Bucay
El anillo (Power point)

10 comentarios:

nosecomosoy dijo...

Hola.
GUAU!
Quiero que alguien sea mi " experto en joyas" y me valore.
Sigo disfrutando de tus cuentos cada vez que los leo. Gracias.
( Cómo me gustaría saber tu nombre), será que es Jorge?.
Bueno, Hoy Quiero Contarte Un Cuento, mi interés en que leyeras espacialmente el post " Un batín y unas pantuflas", era para saber si descubrías si era el relato de una viviencia o un cuento con " cierta" moraleja.
Graciñas niño por leerlo.
Es verdad que algunos no pierden la dignidad ni en los momentos más tristes de su existencia.
También es cierto que algunos no la demuestran ni en los momentos más significativos
Otra vez gracias, por leerlo y sobre todo por dejar que nosotros podamos leer los cuentos tan bonitos y llenos de significado moral.
Desde Coruña un biquiño.
Diana

Sara dijo...

Hoy quiero contarte, conocía el cuento, lo había leido hace tiempo, cuando leí a Bucay ( decir que siempre vuelvo a Bucay) pero éste cuento no lo había vuelto a leer, en su día me dejó impresionada y ahora , tú, otra vez lo consigues...impresionarme, alegrarme, que algo se remueva en mi...esto tiene mucho que ver con la motivación de la que hablo en mi blog,
UNA VEZ MÁS mil gracias por tu generosidad al compartir cosas tan bellas con nosotros.
un besito

Camille Stein dijo...

hermoso Bucay, como de costumbre

plagado de buenas razones y de verdades

gracias por mostrarlo

un beso

Anónimo dijo...

Alguna vez me sentí así...afortunadamente aquello
cambió, las circunstancias de la
vida me llevaron a descubrir mi
valor... hoy me siento genial, no
hay como ser tu propio
descubridor, si se puede llamar
así. Precioso cuento...logró
emocionarme.

Un fortísimo abrazo.

Tormenta. dijo...

Me encantó que chuli!!!!!!!!! vya, el chico debió emocionarse mucho, bufffff

Tuviste buen ojo al colocar este cuento, en serio,está entre mis favoritos.
Besos ,niño!.

Tormenta. dijo...

Oye por cierto..ahora acabo de darme cuenta, dije un beso niño,pero jaja, e serio, no sé si eres un hombre o una mujer!

Tormenta. dijo...

Que yo creo que chico,pero algunos comentarios que leí me confundieron solo s eso, no tiene importancia ahora sí que me vy,besos.

Hoy quiero contarte dijo...

Diana y Tormenta: Os he contestado por mail.

Patricia: Ya era hora!!!! Bienvenida otra vez a bordo. Me alegro un monton que estas mejor.

Sara: Seguimos en contacto.

Camille: Gracias por tu visita. También he visitado tu blog. Pura vida!

Lucia Luna dijo...

Saps perquè m'agraden els teus contes?
Bé, els que decideixes publicar, perquè tots els valors en els que he cregut i crec en la vida, els trobo aquí, com sempre, com cada nit, m'ha encantat :)
Molts petons, i enhorabona per la teva feina.

I gracies pels teus amables comentaris.

Pequeña Ainhoa dijo...

Gracias por deleitarnos con esta entrada, me encanta como escribe Bucay, he leidos libros de él y todos tienen su encanto y ayudan muchisimo.
Gracias por visitarnos siempre.
Un beso hasta el cielo.
Loly, la mamá de Ainhoa.