miércoles, 16 de abril de 2008

La muñeca de sal

Quería ver el mar a toda costa. Era una muñeca de sal, pero no sabía lo que era el mar.
Un día decidió partir. Era el único modo de poder satisfacer su deseo. Después de un interminable peregrinar a través de territorios áridos y desolados, llegó a la orilla del mar y descubrió una cosa inmensa, fascinadora y misteriosa al mismo tiempo. Era el alba, el sol comenzaba a iluminar el agua encendiendo tímidos reflejos, y la muñeca no llegaba a entender.
Permaneció allí firme, largo tiempo, como clavada fuertemente sobre tierra, con la boca abierta. Ante ella, aquella extensión seductora. Se decidió al fin. Preguntó al mar:

-¿Quién eres?
- Soy el mar.
- ¿Y qué es el mar?
- Soy yo.
- No llego a entender, pero lo desearía tanto... Explícame lo que puedo hacer.
- Es muy sencillo: tócame.
Entonces la muñeca cobró ánimos. Dio un paso y avanzó hacia el agua.
Después de dudarlo mucho, tocó levemente con el pie aquella masa imponente. Obtuvo una extraña sensación. Y, no obstante, tenía la impresión de que comenzaba a comprender algo.
Cuando retiró la pierna, descubrió que los dedos del pie habían desaparecido. Quedó espantada y protestó:
- ¡Malvado! ¿Qué me has hecho? ¿Dónde han ido a parar mis dedos?
El mar replicó imperturbable:
- ¿Por qué te quejas? Simplemente has ofrecido algo para poder entender. ¿No era eso lo que pedías?
La otra insistía:
- Sí... Es cierto, no pensaba... Pero...
Reflexionó un poco. Luego avanzó decididamente dentro del agua. Esta, progresivamente, la iba envolviendo, le arrancaba algo, dolorosamente. A cada paso la muñeca perdía algún fragmento. Cuanto más avanzaba se sentía disminuida de alguna porción de sí misma, y le dominaba más la sensación de comprender mejor. Pero no conseguía aún saber del todo lo que era el mar.
Otra vez repitió la acostumbrada pregunta:
-¿Qué es el mar?
Una última ola se tragó lo que quedaba de ella. Y precisamente en el mismo instante en que desaparecía, perdida entre las olas que la arrastraban llevándosela no se sabe dónde, la muñeca exclamó:
¡Soy yo!

10 comentarios:

Tormenta. dijo...

Ay!! la piel de gallina...

De verdad.Qué bonito cuento para irse a dormir...

Me encanta tú blog de verdad!.


Besos!.

montse dijo...

Qué cantidad de cuentos nos vas ofreciendo, casi no te alcanzo en la lectura!!...
Resulta muy gratificante ir siguiéndote!!
Un abrazo.

Nalia dijo...

leí ese cuento cuando era muy pequeña y me impresionó... más tarde escribí mi poema "niña de porcelana" inspirado en parte en ese cuento, aunque al final no se parecía en nada jeje

besitos!!

Hoy quiero contarte dijo...

Es uno de los cuentos que me hizo apasionarme por ellos, lo reconozco. Y lo he rescatado de la memoria de los tiempos, porque hacia mucho que lo tenía aparcado, aunque siempre he tenido una debilidad especial por él.

MARNIE dijo...

Plas..,plas, plas, plas, (evidentemente aplausos..). Los estoy guardando todos porque, algún día, quiero poder leerselos a esos pequeños que volverán a llenar mi mi casa de risas....
Marnie

Tormenta. dijo...

No me extraña, es que es un cuento gnial!
PD;pasaba por aquí para leer más!
Saludos!.

Sara dijo...

Guau que fuerte!éste me ha dejado una ...no se , sensación extraña.

Hasta mañana

Anónimo dijo...

Gracias:) me encanta este cuento desde pequeña...que bonitooo!!!

Anónimo dijo...

Gracias:) me encanta este cuento desde pequeña...que bonitooo!!!

Anónimo dijo...

jajajaja loco ...el mejor