miércoles, 9 de abril de 2008

La maestra y el corcho

Hace años, un inspector de enseñanza visitó una escuela de educación primaria. En su recorrido observó algo que le llamó poderosamente la atención: una maestra estaba atrincherada detrás de su escritorio, los alumnos estaban en desorden; el cuadro era caótico. Decidió presentarse:- Con permiso, soy el supervisor de turno... ¿algún problema?- Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos... No tengo láminas, el ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles... El supervisor, que era un educador de alma, vio un corcho en el desordenado escritorio. Lo cogió y con aplomo se dirigió a los chicos:- ¿Qué es esto?- Un corcho señor... gritaron los alumnos sorprendidos- Bien, ¿De dónde sale el corcho?- De la botella señor. Lo coloca una máquina..., del alcornoque, de un árbol.... de la madera..., respondían animosos los niños.- ¿Y qué se puede hacer con madera?, continuaba entusiasta el docente - Sillas..., una mesa..., un barco... - Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en la pizarra y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escribid a qué provincia pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conoceis que nació allí? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar? Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, etc.
La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida:- Señor, nunca olvidaré lo que me ha enseñado hoy. Muchas Gracias. Pasó el tiempo. El inspector volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada detrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden...- Señorita... ¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?- Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que volvió. No encuentro el corcho ¿Dónde lo dejó?


7 comentarios:

Luluji dijo...

Hola!!!
Querer es poder, aquí queda reflejado :)
Muy muy bueno, me encanto.
Besos, feliz día.

Patricia dijo...

Solté una carcajada al final, no me esperaba ese final... Mi abuelo decía, "no se le puede pedir peras al olmo"... aquí me quedó claro.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Real y cruel como la vida misma.
Un saludo desde Coruña.
Diana

Fabricio Gian dijo...

un golpe duro a los docentes sin imaginación, sin vocación o sin ganas. Una muestra de que con pocos recursos pero mucha imaginación y creatividad se puede entusiasmar a los alumnos con el aprendizaje. Ojalá este cuento llegue a muchos docentes de Argentina para que los que han perdido la pasión por la profesión la recuperen y los que han seguido el rumbo del inspector del cuento sigan así.
Un abrazo desde San Luis, Argentina.
Fabricio Gian.

Ana Paula Lombardi dijo...

coincido con Fabricio!

Ana Paula. San Miguel de Tucuman.

Silvana dijo...

Esta historia deberìan leerla algunas maestras que no entienden cuàl es su trabajo en la escuela.

Anónimo dijo...

Todo es cuestión de vocación y enseñar con amor.